Abstract
<jats:p>Escribir un libro puede ser una actividad apasionante, especialmente si se realiza desde el ámbito académico y se incorpora un elemento tan dulce como es la admiración y el amor por la tarea docente. En un momento en que la educación universitaria enfrenta el peligro permanente de ser reducida a simples indicadores de eficiencia, a una mera capacitación o a una fría transmisión de saberes Pararse a analizar el rostro humano de la pedagogía se transforma en un gesto de rebeldía y esperanza. El libro que tiene en sus manos no es un manual técnico de didáctica ni un compendio de métodos asépticos. Por el contrario, este libro es una combinación de palabras técnicas, coloquiales, filosóficas y coloridas que se entrelazan de manera coherente por todo el texto. Su objetivo es invitarnos a leer y reflexionar en profundidad acerca de la estructura moral que sustenta a los grandes educadores. Este ensayo es producto de una estricta indagación narrativa y biográfica, identificada como el proyecto FCI-012, que fue llevada a cabo en las universidades de Ecuador. Se intentó, por medio de esa investigación, dar voz a una figura que frecuentemente es ignorada en los fríos informes institucionales, pero que se vuelve imborrable en la memoria del alumnado: el Maestro Huella. El hombre que deja huellas es el que va haciendo camino al andar; cada paso que da, imprime su marca en la tierra, como se forja el acero, dejando huellas irrompibles. Un Maestro Huella enseña como quien siembra con un cuidado infinito, respetando el pequeño grano que crece rezagado y reflejándose en el otro a través de un acto supremo de amor y compasión. En estos folios, ese arquetipo universal es personificado por el doctor Pedro Humberto Vargas, quien fue seleccionado de manera rotunda por sus alumnos como un modelo de calidad humana y de excelencia docente. Durante la lectura de los capítulos que componen este libro, se le invitará al lector a explorar las áreas de la filosofía y la experiencia vital. Analizaremos la manera en que la orfandad y el voluntariado moldearon la solidaridad de un joven que optó por comprometerse con el lema “nos debemos a las personas”. Hablaremos con la ética primera de Emmanuel Lévinas para comprender que el profesor tiene que hacerse cargo del sufrimiento de su estudiante a través de la otredad, sin olvidar la mismidad o el cuidado de su propia psique para no desgastarse en el esfuerzo. Junto a Byung-Chul Han, cuestionaremos la tiranía del ruido digital y la “pseudo-escucha”, destacando el acto revolucionario de dedicar nuestra atención plena al otro. Y por último, abrazaremos el mandato de la libertad, mostrando que un verdadero maestro no coloniza los planes de vida de otros, sino que ejerce influencia a través del poderoso silencio de su ejemplo</jats:p>