Back to Search View Original Cite This Article

Abstract

<jats:p>Afortunadamente se equivocan. La dignidad no es una concesión ni una dádiva, sino un derecho inherente a todo ser humano. Basta con mirarnos —con reconocernos— para comprender que la dignidad no suplica ni pide permiso: se vive y ejerce. Se manifiesta en cada gesto de respeto; en cada acto de justicia; en cada escucha sin prejuicios. Florece en cada palabra que construye puentes; en cada expresión de compasión; en cada abrazo reparador. Y cobra fuerza en cada proclama que emerge para decir «yo también cuento».</jats:p>

Show More

Keywords

cada dignidad para afortunadamente equivocan

Related Articles