Abstract
<jats:p>Anticipar el futuro educativo en América Latina requiere primero el reconocimiento de que el sistema escolar está permeado por fuerzas estructurales, que no siempre están presentes en los debates cotidianos. La educación coexiste con desigualdades persistentes y con economías que, en muchos casos, son incapaces de absorber el capital humano en empleos de alta calidad. Dentro de este contexto, la escuela enfrenta una doble expectativa: ser un mecanismo de movilidad social y, al mismo tiempo, un motor de modernización productiva. Sin embargo, la evidencia ha mostrado que la expansión educativa, por sí misma, no garantiza equidad ni progreso. La región ha ampliado la cobertura educativa en diferentes niveles, pero aún tiene fuertes brechas de aprendizaje y movilidad social y geográfica diferenciada, lo que compromete la promesa de igualdad de oportunidades.</jats:p>