Abstract
<jats:p>La educación contemporánea atraviesa una transición paradigmática que exige superar el modelo enciclopedista de transmisión de datos en favor de una praxis integral. Este artículo analiza la formación por competencias no solo como una estrategia didáctica, sino como un eje ontológico y articulador que faculta al discente para la movilización de saberes en escenarios de alta complejidad e incertidumbre. Mediante una revisión dialéctica y documental, se examina la convergencia necesaria entre las dimensiones cognitiva (saber), procedimental (saber hacer) y actitudinal (saber ser). El argumento central sostiene que la fragmentación de estos dominios debilita la capacidad de respuesta del estudiante ante los desafíos globales contemporáneos. Por el contrario, una integración sistémica de dichas dimensiones se constituye como el requisito sine qua non para fomentar una ciudadanía crítica, capaz de ejercer una agencia socialmente comprometida y éticamente responsable. Se concluye que el desafío docente radica en el diseño de ecosistemas de aprendizaje donde el conocimiento se transmute en acción reflexiva, posicionando al valor ético como el motor de transformación social y teleología de la educación moderna.</jats:p>