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Abstract

<jats:p>La Historia no se escribe para gente frívola y casquivana, y el primer deber de todo historiador honrado es ahondar en la investigación cuanto pueda, no desdeñar ningún documento y corregirse a sí mismo cuantas veces sea menester. La exactitud es una forma de la probidad literaria y debe extenderse a los más nimios pormenores, pues ¿cómo ha de tener autoridad en lo grande el que se muestra olvidadizo y negligente en lo pequeño? Nadie es responsable de las equivocaciones involuntarias; pero no merece nombre de escritor formal quien deja subsistir a sabiendas un yerro, por leve que parezca. […] Ni quiero ocultar mi parecer antiguo, ni dar por infalible el moderno, sin que me arredre el pueril temor, indigno de la Historia, de aparecer en contradicción conmigo mismo Marcelino Menéndez Pelayo En 1910, poco antes de su muerte y en plena madurez intelectual, Marcelino Menéndez Pelayo escribía, en la «Advertencia preliminar» a una renovada Historia de los heterodoxos españoles (cuya primera edición había aparecido entre 1882 y 1883) su concepto de la labor del historiador: investigación constante, búsqueda en documentos, atención y fidelidad a los hechos, y rectificación de su propia obra y opiniones, si era necesario, como resultado de nuevos datos y de mayor y mejor conocimiento del tema. De entonces ahora los estudios históricos han avanzado mucho: mayor acopio de materiales, nuevos instrumentos de investigación, mecanizaciones, digitalizaciones, presencia de la inteligencia artificial… Hay nuevos objetos de estudio, nuevos intereses, nuevas tendencias y nuevos enfoques. Pero lo sustancial de las palabras de don Marcelino permanecen: honradez en la búsqueda, investigación profunda y minuciosa, atención a todos los datos, exactitud al reflejarlos, capacidad de reconocer los propios errores, autocorrección constante y sincera. Todo lo que quien se acerque a los estudios históricos ha de poner de su parte para seguir avanzando, en compañía de otros muchos, en colaboración intelectual, en esa labor de equipo que es el conocimiento de lo que somos y lo que hemos sido. Esperemos, esperamos, que estos trabajos aquí reunidos sean dignos de la herencia de don Marcelino; que cumplan las obligaciones que Menéndez Pelayo exponía con tanta claridad y honradez allá por 1910, en una edición de una obra que, en muchos momentos, era una corrección a sí mismo.</jats:p>

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Keywords

nuevos investigación marcelino historia mismo

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